sábado, 21 de octubre de 2017

Erasmus en Münster: Primer mes

21 de octubre, ya ha pasado mes y medio desde que comenzara mi Erasmus en Alemania y todavía no hay ni rastro de ese propósito que me hice de escribir mis impresiones y vivencias semana a semana para poder recordarlo en un futuro, o para guiar un poco a aquellos que se animen a vivir esta experiencia. Pero como nunca es tarde para empezar, aquí van mis primeras líneas.

Para ponernos un poco en contexto, el pasado 9 de septiembre empezaba mi aventura en Münster (Si, Münster, no Munich como se le escapa a alguno), una pequeña ciudad en el noroeste de Alemania, muy cerca de la frontera con Holanda. Una ciudad en la que al llegar supe que había elegido el destino correcto: llena de estudiantes (casi 60000 de los 300000 que tiene la ciudad), muy verde y con un tamaño perfecto para ir en bicicleta a todos lados. Aunque no todo aquí era perfecto, en cuanto vi que vendían paraguas en cada esquina supe cual era el problema que escondía este rincón alemán.

Tal y como me habían dicho y avisado, ya venía concienciado de que las primeras semanas, como siempre que vas a un sitio nuevo y sales de tu zona de confort, serían un poco duras. Pero al contrario, para nada fue así. Si que es cierto que al principio se hace extraño estar tan lejos de casa y tu gente (sobretodo para alguien que siempre ha vivido con sus padres), pero enseguida conoces a personas que están en tu misma situación y pronto haces tu piña, los que serán tus compañeros de aventura y que están deseando vivirla igual que tú. Los primeros días fueron sin duda los más intensos, empezando por intentar conocer a la mayor gente posible, descifrando en que salida del Promenade está tu casa, comprar una bicicleta... pero luego todo lo demás vino rodado.

Y en cuanto no te das cuenta, ya estás adaptado y viviendo esa experiencia que todos te contaban y tenías tantas ganas de que llegara: el Erasmus. Además, como vine un mes antes de que empezaran las clases no me ha faltado tiempo para hacer todo lo que quería (aunque tampoco ha habido tiempo para aburrirse), fiestas, viajes en tren por la región, barbacoas en el Aasee... En fin, una experiencia que no ha hecho más que empezar y que intentaré ir contando en las siguientes entradas del blog, desde el famoso Pfand de las botellas, hasta como descubrí los menús de 2,30€.

Nos leemos! Tschüss!

PD: aquí van algunas fotos también de estas primeras semanas.







jueves, 21 de enero de 2016

La Universidad Española

La Real Academia Española define criticar como "analizar pormenorizadamente algo y valorarlo según los criterios propios de la materia que se trate", es por ello que reescribo esta entrada sobre el modelo universitario español para tratarlo de manera más objetiva, y desde el punto de vista de un universitario, que en mayor o menor medida, está en contacto con él. Es cierto que este tema no es nada nuevo, incluso puede que esté un poco pasado de moda. Pero no para mi, que estoy llegando al ecuador de mi vida universitaria.

Bueno, me presento: soy un estudiante del grado en Administración y Dirección de Empresas. Esta carrera la curso en inglés, y una de las primeras dudas que se me plantea es si he escogido la opción correcta a la hora de estudiar en un idioma extranjero. Un grado universitario bilingüe no deja de ser un servicio que ofrece el Estado, y al igual que cualquier producto, debería tener ya un cierto rodaje antes de salir al público, asegurándose por ejemplo de aspectos como que el nivel de inglés de los docentes sea el adecuado,que la demanda sea suficiente o que quizás sea contraproducente impartir asignaturas en otro idioma que no sea el propio de cada uno.

Pero esto son solo detalles sin mucha importancia. Bajo mi punto de vista el sistema universitario español tiene muchas lagunas que debería cubrir, como el dotar de importancia a las clases presenciales (no debería ser común que los docentes encuentren natural el hecho de que a muchas de las clases no vaya ni el diez por ciento de los estudiantes), realizando más actividades prácticas y que se asemejen a casos reales que los estudiantes se enfrentarán al acabar su carrera. Es cierto que es importante tener una buena base teórica para poder pasar a la práctica, pero la realidad es que la poca practica que he aprendido se basa en realizar la declaración de la renta y calcular algunos impuestos.
La universidad debería ser  un punto de encuentro del saber, donde se intercambie información, se cuenten experiencias aplicables a la vida real y donde se respire pasión por aprender. Un lugar donde se debata sobre la situación del país y que el profesorado aplique lo dado en clase con la realidad del día a día, que se nos enseñe que todo lo dado en las asignaturas tiene un fin, y que las principales políticas económicas se basan en lo que ya hemos aprendido.

Y todo esto no se logra si no se parte por aumentar el interés de los estudiantes en las clases, y por que los profesores sientan pasión por lo que intentan enseñar y que nos la transmitan a nosotros, para que así los estudiantes podamos cambiar el "chip" sobre lo que es la universidad, y que la veamos como un lugar útil donde nos forman para lo que no espera en la realidad de la calle y en nuestro futuro laboral.

No obstante, a pesar de todas estas pegas que le pongo a nuestro sistema sistema de enseñanza, no me arrepiento haber escogido la carrera que estoy estudiando, ni de hacerlo en la universidad pública. Simplemente pienso que nos queda mucho por aprender. Si ninguna universidad española está entre las 150 mejores del mundo será por algo.